¿Tu dieta, tus hábitos y tu entorno deberían afectar tu decisión de amamantar?

cultura pro-lactancia, medio ambiente, salud pública

por @yatzirizepeda de @proy_alimente

Anda circulando por las redes sociales esta campaña de la Sociedad de Pediatría de Rio Grande do Sul en Brasil titulada “Tu hijo es lo que comes”. La campaña de esta organización, por cierto financiada por Nestlé*, ha recibido fuertes críticas por parte de expertos de la salud pues, lejos de lo que dice la evidencia científica, el mensaje gráfico central de esta campaña es que una madre podría poner en riesgo la salud de su bebé al amamantarlo si come chatarra como hamburguesas, donas o si bebe refrescos de cola. En un mundo en donde el consumo de este tipo de comestibles ultraprocesados predomina, esta campaña podría generar una preocupación innecesaria en las madres, quienes podrían y pensar que, dados sus malos hábitos alimenticios, lo mejor sería darle a su bebé fórmula en vez de leche materna. Esto es simplemente falso: coma lo que coma una madre, ella siempre producirá la nutrición óptima para su hijo, utilizando las reservas de su cuerpo, si es necesario.

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Por supuesto que es fundamental que las mujeres se alimenten bien durante el embarazo y después del parto para asegurar su salud; también sería deseable que no sólo las madres, sino todos, redujéramos el consumo de alimentos chatarra y bebidas endulzadas y comiéramos más alimentos de alto valor nutricional. Sin embargo, es claro que esta campaña es mal intencionada (basta ver la agresividad de las imágenes); la diferencia entre la calidad de la leche de una madre muy bien alimentada y otra con hábitos alimenticios pobres (o incapaz de alimentarse correctamente) es de calidad similar -pueden haber variaciones en algunos micronutrientes y ácidos grasos, pero si la madre no puede acceder, a través de su dieta a estos micronutrientes, difícilmente podrá ofrecérselos al niño. Sin duda, el mejor alimento para el bebé de cada una, es la leche de cada una.

De hecho, el Comité Científico del Gobierno Noruego para la Seguridad de los Alimentos presentó en 2013 el reporte de un estudio muy grande sobre la Evaluación de Beneficios y Riesgos de la Leche Materna para los Niños Noruegos. Preocupados por la posibilidad de que las madres estuvieran transmitiendo a sus bebés los contaminantes a los que ellas estaban expuestas a través de su leche, el reporte concluyó: “Siguiendo una evaluación integral de la literatura científica sobre los efectos positivos a la salud de la leche materna y de las concentraciones en esta de compuestos que pudieran representar posibles efectos dañinos a la salud, y dado el conocimiento actual sobre las concentraciones de contaminantes en la leche materna de las madres noruegas y la duración de la lactancia (12 meses en Noruega, mucho más que en México), el Comité concluye que los beneficios asociados con la leche materna claramente superan los riesgos presentes en los niveles actuales de contaminación en la leche materna”.

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Los ciudadanos estamos expuestos a un gran número de contaminantes a partir del medio ambiente en que vivimos y de los alimentos que comemos. La leche materna, entre otros alimentos, ha servido para evaluar los niveles de contaminantes orgánicos persistentes en la comida. Aún reconociendo el ambiente de contaminación en el que vivimos, la Organización Mundial de la Salud ha hecho “todos los esfuerzos para proteger, promover y apoyar la leche materna”.

La leche materna es particularmente benéfica en un mundo contaminado, justo porque es el alimento que promueve el crecimiento, el desarrollo y el sistema inmunológico de los niños como ninguno otro, incluyendo la fórmula láctea. Esto no significa que no debamos demandar a los tomadores de decisiones que protejan nuestra salud y la de nuestros hijos, no sólo de la comida chatarra, sino de la presencia de contaminantes en nuestro ambiente, en nuestra comida y en la de nuestros hijos como los Alquilatos Perfluorados que son químicos industriales añadidos a la ropa, a los empaques de alimentos procesados, a los lubricantes y a productos para el hogar como a algunos tapetes para hacerlos resistentes al agua, a la grasa y a las manchas; las dioxinas como Bifenilos Policlorados, las cuales se generan cuando otros productos o químicos son creados, por ejemplo, mediante la quema de bosques o de basura, el uso de cloro para blanquear productos como el papel y la fabricación plaguicidas y entran a nuestro cuerpo a través de alimentos como lácteos, carne, huevo y algunos pescados; o las dibenzodioxinas policloradas, las cuales se utilizan para fabricar transformadores, motores, y cables eléctricos, balastras de lámparas, plaguicidas y agroquímicos, entre otros.

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Si has decidido amamantar, ni tu dieta, tus hábitos, o el medio ambiente al que estés expuesta, debieran cambiar tu decisión. La leche materna es le mejor alimento para tu bebé.

Para más información sobre la presencia de químicos en nuestros cuerpos y lactancia, consulten el sitio web del International Baby Food Action Network (IBFAN).

*La Sociedad de Pediatría de Rio Grande do Sul en Brasil ha removido ya de su sitio web el nombre de Nestlé como financiador de la organización, pero IBFAN guardó una imagen reciente.

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Yatziri Zepeda es economista ambiental y socia fundadora de Proyecto Alimente

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